11 de marzo de 2010

Algo + que una escultura asentada

Bajo la eterna mirada de una vista marítima panorámica, yergue de la tierra ante nuestros pies una estructura vertical, delgada y oxidada, donde se eleva hacia el cielo, rompiendo con el carácter virginal del espacio natural.

Pero somos atraídos hacia este alto Totem, porque él nos habla o canta en una lengua que se entiende como su materna. Bajo la cierta simpleza exterior, la apariencia, se construye por el subsuelo todo un entablado de ingeniería bien pensado y estructurado, donde la fuerza del mar, el movimiento y empuje de las olas, hace poner en marcha el funcionamiento de todo el mecanismo, dando principio y sentido a la obra. Según la dirección del mar entra por unos determinados orificios que al penetrar hacen resonar produciendo un sonido determinado, creando notas de tonalidades distintas arbitrarias, cuya fuerza particular del romper de olas se verá manifestada en el volumen de estos sinuosos compases, así como cuando la brisa está en calma solo se llega a percibir silbidos que esperan con impaciencia la llamada feroz del vientre hambriento de engullir.

Entonces comprendemos que su lengua materna es muy antigua y literaria, hablándonos del mismo origen, del ritmo natural y de la vida frenética expresada en un canto bello de la Madre Naturaleza.





3 de marzo de 2010

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Donde, si tuviera que resumir los hechos acaecidos en base a comentarios formulados previamente, el título debería ser tan largo como el capítulo, lo cual va en contra de la costumbre.

Carta a una estudiante y gran amiga en Manchester:

-Te lo tenía que contar:

qué bonito es soñar!!
Esta noche, entre delirios y sudores, debido a un espontáneo resfriado, con bufanda al cuello, pantalones de pitillo y camisa interior de abuelo para todo ello empanado y rebozado por medio de sábanas, mis ojos se han cerrado..

Me encontraba imaginando un paraje reconocible pero simbiótico, debido a un samblaje mental al más estilo Photoshop. Entre la zona periférica se podía entrever los canales llenos de agua y la parte del río que afloraba casi al mismo nivel del suelo. Y a la orilla, el edificio donde me hallo ahora y con el que he convivido más de tres años, la facultad manchega de Bellas Artes (edificio Antonio Saura).

La gente estaba en sintonía con el medio. Había una pista de atletismo, carriles-acera, corriendo por ellos deportistas mañaneros. Al lado, una senda ciclista, cuyo paso transitaban trabajadores uniformados dispuestos a realizar sus respectivos trayectos. Los mayores de edad contemplaban sentados el paraje, estudiantes en césped tumbados, reían y charlaban de temas caprichosos. El entorno era muy apropiado para disponer la ciudad en función del ciudadano, libre y bien acomodado. Gente de actividad, que con humildad, sabían disfrutar en comunidad.